Ignacio Benítez, un chico sordo sevillano de 32 años, denuncia que hasta el momento solamente ha trabajado 515 días por el hecho de ser sordo.

Afirma que la situación es complicada porque las empresas continuamente le han cerrado las puertas. Además, argumenta que debe tener una vida independiente como el resto de los oyentes.

Desde los seis años lleva implante coclear. Fue uno de los primeros niños implantados en Andalucía y poco a poco comenzó a mejorar el habla hasta el punto de no necesitar la Lengua de Signos para comunicarse.

Sí que remarca que es fundamental la figura del intérprete dentro del aula. Desde su experiencia confirma que en su etapa educativa no tuvo demasiados problemas porque estaba integrado y se sentía a gusto.

Pero el año 2004 fue la peor época para él. Tenía 20 años y se sometió por segunda vez a una operación de implante coclear debido a diversas infecciones. Fue entonces cuando comenzó a preocuparle el buscar trabajo. Pese a las barreras con las que se encontró, no desistió. Se apuntó a cursos de formación a través de la Consejería de Empleo y la Federación Andaluza de Personas Sordas, pero hasta el año 2008 no consiguió su primer trabajo.

Actualmente, es Técnico Superior de Administración y Finanzas. Además, el hecho de que las empresas contraten a personas sordas ofrece beneficios, como subvenciones o bonificaciones desde la Seguridad Social.

Ignacio cuenta que la gran excusa que suelen poner las empresas cuando una persona sorda se ofrece para trabajar con ellos es que no puede atender llamadas. Pero hoy en día, con las nuevas tecnologías todo esto es posible gracias a los intérpretes. Son muchos los CV que envían, pero la mayoría son rechazados solo por ser una persona sorda.

Esto, a Ignacio le agobia, le da mucha rabia y ha llorado en muchas ocasiones. Está cansado de esta situación. Cuenta que sí que hay empresas adaptadas para otros tipos de diversidad funcional, pero no para personas sordas.

En el siglo XXI y con los avances tecnológicos que contamos es necesario suprimir las barreras de comunicación, que las empresas, el gobierno y la sociedad en general sean conscientes de la situación que viven las personas sordas.

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