La accesibilidad es un derecho de todas las personas con discapacidad. Sin embargo muchas de ellas, incluídas las personas sordas y con pérdida auditiva siguen encontrándose barreras en el sector turismo. En este post analizamos por qué.

Hace unas semanas tuvimos la oportunidad de acudir al III Congreso Internacional de Tecnología y Turismo para la Diversidad. En él, usuarios, expertos y organizaciones debatieron sobre la accesibilidad de las personas con discapacidad en el sector turismo y las soluciones e innovaciones tecnológicas que ya hay disponibles en el mercado para facilitarla. Una de las conclusiones a las que llegamos al finalizar el congreso ratificó algo que ya sabíamos: que la accesibilidad sigue sin ser una realidad en el sector turismo y que el de las personas sordas es uno de los colectivos más desatendidos.

Los motivos por los que esto sigue sucediendo son por un lado la falta de conocimiento sobre la sordera y la pérdida auditiva, que con frecuencia resultan invisibles a los ojos. Por otro, la legislación y la falta de compromiso de las organizaciones, que impiden atender bien las necesidades reales de los usuarios para ofrecerles una una experiencia acorde a sus expectativas. A continuación averiguamos por qué.

Desconocimiento, una legislación insuficiente y poco compromiso. Factores que frenan la inclusión en los proyectos de accesibilidad


La pérdida auditiva es una de las discapacidades más extendidas que existen. Un 5% de la población española tiene algún grado de pérdida auditiva y según la OMS las cifras de personas con una pérdida auditiva discapacitante ya alcanzan los 466 millones en todo el mundo. Sin embargo siguen pasando desapercibidas para los responsables de los proyectos de accesibilidad. ¿Por qué se produce esto?


La sordera, una discapacidad invisible

Desde siempre a la discapacidad auditiva se la ha considerado como la ‘discapacidad invisible’. A diferencia de otras discapacidades no se percibe a simple vista. Cuando nos encontramos ante una persona sorda o con pérdida auditiva es muy difícil identificarla como tal a no ser que nos lo comunique ella misma. Algo que no tiene por qué suceder, pues las organizaciones deberían estar preparadas para adaptarse a las necesidades comunicativas de cada persona en cualquier momento.

Además, la diversidad comunicativa de las personas con pérdida auditiva es amplísima, lo que hace que todavía sea mucho más difícil reconocerlas y que sus necesidades e incluso su existencia, pase completamente desapercibida para los gerentes de establecimientos hoteleros, compañías de transporte o agencias de viajes dificultando que perciban la necesidad de implementar medidas o servicios especiales para facilitar su comodidad.

Las organizaciones deberían estar preparadas para adaptarse a las necesidades comunicativas de cada persona en cualquier momento. Clic para tuitear

La legislación, todavía insuficiente

Junto con la falta de visibilidad de la sordera. La legislación entorno a la accesibilidad en espacios públicos y privados también juega un papel importante. Si leemos las normativas y recomendaciones expuestas tanto en la Ley 26/2011 como en el Código Técnico de Edificación (CTE) veremos que es muy poco concreta en lo referente a la accesibilidad auditiva y que las pocas adaptaciones que exige van enfocadas tan solo a eliminar barreras físicas y mejorar la seguridad, dejando de lado la propia experiencia. Esto resulta insuficiente para sectores como el turismo, en los que la experiencia es clave. Además, si nos dirigimos a los diferentes establecimientos que deberían estar aplicando esta normativa comprobaremos que, en la mayoría de los casos, tampoco se cumple: las alarmas de emergencia no están adaptadas y no hay bucles magnéticos en los espacios.

En el caso de los establecimientos hoteleros, por norma general únicamente se pone el foco en facilitar la accesibilidad a la seguridad en las habitaciones. Se requiere un número mínimo de habitaciones adaptadas a las necesidades de las personas con discapacidad, y la existencia de un sistema de aviso o botón del pánico visual y auditivo, en las habitaciones destinadas a personas con discapacidad. El enfoque de “habitaciones para personas con discapacidad” permite cumplir la legislación básica pero se aleja mucho del espíritu de la accesibilidad universal y de ofrecer experiencias totalmente inclusivas, con adaptaciones lo más transparentes y no discriminatorias posibles.

Todo esto contribuye a que las personas sordas y con pérdida auditiva continúen encontrándose barreras importantes (como las que aquí comparten) a la hora de disfrutar de las instalaciones o los servicios ofrecidos en los hoteles y del mismo modo ocurre en otros establecimientos turísticos. Es más, siguen pagando como los demás pero la falta de accesibilidad les impide disfrutar de los mismos servicios.

La inclusión en los proyectos de accesibilidad, una cuestión de ética

Visto lo anterior llegamos a la conclusión de que facilitar la accesibilidad es más bien una cuestión de compromiso ético que normativo. Las organizaciones realmente comprometidas con la inclusión no necesitan una ley férrea que les exija el cumplimiento de una determinada normativa, sino que son ellas las que, por iniciativa propia, toman las medidas pertinentes e implementan las soluciones necesarias para facilitar la accesibilidad a todos sus servicios e instalaciones.

Las organizaciones realmente comprometidas con la inclusión no necesitan una ley que les exija el cumplimiento de una determinada normativa, sino que son ellas las que, por iniciativa propia, toman las medidas pertinentes. Clic para tuitear

El compromiso con la inclusión y la accesibilidad se extiende más allá del cumplimiento de la ley, forma parte de la filosofía empresarial. Tiene en cuenta a los usuarios y se centra en sus necesidades reales para ofrecerles una experiencia inclusiva en todos los sentidos y siempre acorde a sus expectativas.

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